Fuerza laboral de los inmigrantes en Paraguay

La fuerza de los inmigrantes en Paraguay

Paraguay tiene una población importante de inmigrantes en su territorio que suman su aporte laboral y cultural al país, como la colectividad boliviana. Solamente entre el 2015 y abril de este año, unas 825 mil personas de diferentes países llegaron a Paraguay y ya no salieron, al menos oficialmente. Históricamente, nuestro país se ha formado con grandes comunidades de inmigrantes.

Juan Carlos Ortiz ordena las ropas que pondrá a la venta esta mañana de martes. Su puesto está ubicado en el galpón de la Asociación de Artesanos y Comerciantes de Bolivia (Arcobol), el primero que se instaló en Asunción, sobre la calle Ana Díaz, en la zona del Mercado 4. Con este local nació lo que hoy se conoce como “mercado boliviano”, un punto que alberga a galpones y puestos de venta de comerciantes bolivianos, quienes trabajan en el lugar desde hace 22 años.

Los bolivianos que trabajan en este lugar llegaron a Paraguay con la idea de probar fortuna con la venta de productos textiles, principalmente abrigos. Sin embargo, lo que en principio fue una oportunidad, terminó convirtiéndose en un tradicional punto de compras en el populoso mercado municipal N.º 4 de Asunción.

El puesto de Ortíz en su el primer galpón de los artesanos y comerciantes bolivianos.

Juan Carlos Ortiz tiene 49 años y hace 20 que está en Paraguay, trabajando en el galpón de la Arcobol. Es oriundo de La Paz, la capital boliviana, en donde dejó todo para buscar nuevos proyectos laborales y personales. Juan Carlos tiene una remera negra que combina con su pantalón, el cabello corto. Habla pausado y tranquilo. Cuenta que cuando le comentaron sobre la oportunidad de vender en Asunción aceptó casi de inmediato. Fue a mediados de los 90 y en aquellos tiempos la situación en La Paz casi exigía buscar nuevas alternativas. Dice que en Asunción encontró una gran oportunidad de venta, porque la gente rápidamente empezó a comprar sus productos, principalmente las ropas para invierno.

El negocio que empezó con un primer galpón rápidamente se expandió. En pocos años, la zona albergó a más galpones y negocios de sus compatriotas, por lo que fue bautizada como “el mercado de los bolivianos”. En el lugar se consigue todo tipo de ropas, pero lo que los compradores buscan es aquella para invierno.

Nuestra mejor época de venta es cuando hace frío, porque a la gente le gustan los abrigos que ofrecemos acá, las camperas, esas mercaderías salen bien” cuenta Juan Carlos Ortiz, que habla de las bondades del producto textil boliviano para épocas de temperaturas bajas.

El Galpón de ventas de la Arcobol es amplio. Tiene locales que mayormente ofrecen ropas, pero también se puede encontrar calzados, sábanas, indumentarias para fútbol, etc. La construcción de este local se hizo inició a mediados de 1996 y su inauguración oficial fue en noviembre de ese año.

Para Ramón Ruiz, presidente de la Arcobol, la existencia del “mercado boliviano” en pleno corazón de ventas de Asunción obedece a una regla simple y básica de la economía; si hay demanda, siempre habrá oferta. Ruiz prefiere hablar de que vinieron con la idea de ofrecer ventas en lugar de decir que aprovecharon una oportunidad.

– “Eso de que aprovechamos suena como que venimos a quitar algo, y la verdad es que nosotros estamos generando trabajo, acá hay paraguayos que trabajan con nosotros desde hace años” dice Ruiz.

Ramón Ruiz tiene 68 años. La piel morena y estatura baja. Camina lento y el tono de voz es bajo, pero contundente en sus ideas. Llegó a Paraguay en 1995, cuando tenía 48. En ese entonces ya era un hombre dedicado a las ventas en su ciudad natal, La Paz. Le hablaron de que en Asunción se podía abrir un puesto para ofrecer ropa boliviana y agarró viaje.

Ramón Ruíz, uno de los dirigentes de los comerciantes bolivianos que trabajan en Paraguay.

No dudé. Me vine, traje a mi familia y hace 23 años que trabajo acá. Me siento como en casa” dice Ramón Ruiz. Para él, lo único a lo que no se logra adaptar es al calor del verano asunceno. Como viene de La Paz, una zona caracterizada por las bajas temperaturas, todavía le cuesta un poco sobrellevar el calor de nuestra capital, sobre todo en verano. El sueño de Ramón es escribir un libro sobre lo que representó la creación de esta organización, la integración entre dos países a través de actividades tan pequeñas pero fructíferas. Cree profundamente en las personas y que las nacionalidades apenas marcan el lugar donde uno nació, pero que uno hace patria en donde vive.

La verdad que por ahora no pienso en volver a Bolivia. Siento que mi vida está acá, tengo mi trabajo, mi familia está conmigo y estamos haciendo algo que nos permite tener una vida digna” – dice Sandra Varela, una boliviana que llegó a Asunción en 1996 con 25 años y que hoy atiende su puesto de venta de ropas y además coordina con otras personas uno de los comedores del Mercado boliviano.

Igual que a los demás, a Sandra también le costó la adaptación, pero aguantó ese periodo y hoy disfruta de su trabajo y de la vida que lleva aquí. Vive con sus padres y hermanos y se muestra entusiasmada con su comedor, que opera de lunes a sábados y en donde ofrece principalmente comida boliviana, pero también están especialidades paraguayas presentes en el menú.

Sandra dice que se siente agradecida por la hospitalidad y el trato en general de los paraguayos, por lo que siente que la forma de retribuir todo eso es con un trabajo honesto, además de seguir ofreciendo un buen servicio para sus comensales.    

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El proceso migratorio en Paraguay se muestra como un fenómeno silencioso y gigantesco en números. Sin embargo, encuentra voz en las calles. En muchos barrios de Asunción y de ciudades metropolitanas, la presencia de inmigrantes y de migrantes internos se hace notar. Un ejemplo concreto es lo que ocurre en la zona del barrio Loma Pytá, una urbe ubicada a unos 20 kilómetros del centro de Asunción, en la frontera con la ciudad de Mariano Roque Alonso, donde actualmente una gran cantidad de estudiantes brasileños llega para hacer cursos de postsgrados o maestrías en diferentes ámbitos educativos.

Este movimiento de estudiantes se da principalmente por las ventajas que significa obtener un título universitario paraguayo. Este un fenómeno ya generó todo un cambio en la economía y fisonomía de la zona, ya que impulsó la apertura de más comerciales y mucha gente apostó por el alquiler de departamentos para albergar a los estudiantes. Fue toda una oportunidad económica para el barrio.

Según las cifras que  maneja la Dirección General de Migraciones (DGM), los brasileños están en el segundo lugar como el país con mayor cantidad de emigrantes a Paraguay, con un total de 300 mil personas, solamente en el 2017. De este número, 256 mil volvieron a Brasil, lo que significa que 34.665 brasileños finalmente se quedaron en el país. Sin embargo, estos datos están alejados de los de Argentina, cuyos ciudadanos representan la mayor comunidad de inmigrantes en Paraguay; el año pasado se registró el ingreso de 1.323.677 argentinos al territorio paraguayo. De esta cantidad, 1.113.346 volvieron a la Argentina, lo que indica que 210.331 argentinos se quedaron.

Justamente, esa diferencia de ingreso y salida de Paraguay arroja un número muy grande. 8.555.727 de personas es la cantidad de inmigrantes que ingresaron al país entre 2015 y abril de este año, según datos oficiales de la Dirección de Migraciones. En este mismo periodo, sin embargo, salieron del país 7.730.412 migrantes, lo que arroja un total de 825.315 personas que se quedaron en el país, o al menos ya no salieron oficialmente. 

Esta cifra no incluye el movimiento migratorio generado por la movilidad de tránsito vecinal fronterizo (TVF), que tiene su propia dinámica principalmente en las zonas fronterizas entre Paraguay, Brasil y Argentina. 

– “Como tenemos gran superficie de frontera seca con Brasil y también Argentina, muchas veces, los que llegan al país y que generalmente son de países vecinos, ya no registran su salida oficialmente. O tenemos el caso de otros que se quedan en el país y no completan su proceso de radicación” explica Lilian González, del área de comunicaciones de Migraciones.

-“En este caso estamos hablando de números negros, no podemos precisar qué cantidad salió sin registrarse o se quedó a vivir en Paraguay sin completar su radicación” sigue la funcionaria de Migraciones. Desde 2015 hasta lo que va del 2018, Migraciones otorgó 69.452 radicaciones oficiales, tanto temporales como definitivos.

 

Desde hace varios años se juega un torneo entre inmigrantes en Paraguay. La idea es confraternizar y crear lazos. (Foto FB de la Liga)

Se trata de una documentación importante, porque la radicación es lo que le da legalidad al inmigrante, por ejemplo, en el caso de los estudiantes, si no están radicados, no pueden obtener sus títulos”– dice Lilian González.

La comunidad boliviana en Paraguay no representa un número significativo en comparación a la de Brasil y Argentina, según estadísticas oficiales de Migraciones. En el 2017, ingresaron al país 18.606 bolivianos y volvieron a salir 14.805, por lo que unos 3.801 se habrían quedado en el país. Sin embargo, la boliviana es de la más organizadas y conocidas en el mundo laboral de la confección.

Una parte de los bolivianos se instaló en el corazón del populoso Mercado 4 de Asunción, hito de punto de compras en la capital paraguaya. Allí, en largos pasillos, entre vendedores de ropa, comestibles, verduras, los bolivianos se hicieron conocidos por proveer ropas deportivas para equipos de fútbol amateur.

La Copa UDS además genera solidaridad. Muchas veces los equipos donan ropas y otros elementos para hacer donaciones.

Como una forma de integración entre ellos, los bolivianos residentes en Asunción crearon en el 2015 una liga de Fútbol amateur. Se llama “Unión Deportiva Sudamericana (UDS)”, en la que juegan, cada domingo de mañana, equipos que están compuestos por ciudadanos extranjeros que viven en Paraguay.

En principio, la idea fue simplemente la de juntarse entre bolivianos y jugar. Sin embargo, el torneo fue ganando fama y directamente se pensó en un torneo entre inmigrantes. Actualmente, del campeonato participan 16 equipos integrados por ciudadanos de Bolivia, Perú, Chile, Argentina y uruguayos. El torneo representa toda una forma de recordar que, además del trabajo diario, de las costumbres que cada país de esta región tiene, hay un deporte que los convoca cada fin de semana por encima de cualquier nacionalidad; el fútbol. 

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Históricamente, la población paraguaya se caracterizó por ser migrante. La doctora eslovena Branislava Susnik, investigadora de los pueblos originarios del Paraguay, explica en varias de sus obras que muchas de las comunidades indígenas guaraníes que habitaban este país antes de la llegada de los españoles, tenían como principal característica que eran nómadas, es decir, cambiaban de punto de residencia cada cierto tiempo.

A la cuestión característica de los antepasados indígenas, se le sumaron años después los hechos bélicos que marcaron al país y determinaron aún más la migración como un elemento que afectó a la sociedad paraguaya en lo económico, político y cultural. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM – Organismo de las Naciones Unidas para la Migración), hace hace un análisis sobre el proceso migratorio paraguayo y menciona que tras la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) – conflicto bélico que enfrentó a Paraguay con Brasil, Argentina y Uruguay- nuestro país tomó como una política de Estado la instalación de procesos migratorios, buscando la llegada de inmigrantes con la idea de rehacer la economía y también la población, que se quedó prácticamente aniquilada tras la cruel guerra.

Según el informe de la OIM, al finalizar la Guerra de la Triple Alianza, Paraguay incorporó a su legislación por primera vez la definición de inmigrante, a través de la Constitución de 1870. A la Guerra Grande – como también era conocida la de Triple Alianza – se le sumó décadas después la del Chaco (1932-1935), en la que Bolivia y Paraguay tuvieron una disputa armada. Si bien las consecuencias no fueron tan nefastas como la primera, esta segunda Guerra modificó nuevamente de alguna manera el mapa migratorio interno de Paraguay.

Sandra Varela, comerciante boliviana del galpón de la Arcobol.

La llegada de la agricultura mecanizada al campo paraguayo a principios de los 70 coincidió con el auge de inmigrantes y colaboró igualmente para generar el proceso migratorio interno a mayor escala con el paso de los años. Mientras cientos de inmigrantes llegaban a Paraguay para instalarse en las zonas rurales, inhóspitas e impenetrables en esos tiempos, familias campesinas dejaban el campo para establecerse en zonas urbanas, buscando oportunidades.

El estudio del OIM destaca que en 1992, de 191.000 extranjeros censados, que representaban aproximadamente el 5% de la población censada ese año, más de 108.000 eran de nacionalidad brasileña. Gran parte de estos brasileños fueron justamente colonos que se ubicaron en zonas rurales y trabajaron en la agricultura mecanizada. En efecto, la propia OIM dice en su informe del año 2017 que Sudamérica se caracterizó históricamente por ser una región de tránsito para inmigrantes. Sin embargo, en los últimos años, la cantidad de argentinos que se radicaron en Paraguay superó ampliamente a los brasileños, llegando al punto de casi 

Los datos históricos de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC), muestran que en 1950, el 65,39 % de la población paraguaya (en ese entonces, de 1.32.8452 personas) se concentraba en la zona rural. Esta situación cambió radicalmente, ya que el censo de 2012, muestra que el 59,53% pasó a vivir en zonas urbanas, con una población que aumentó a 6.000.228 personas. Según la DGEEC, entre 1997 y 2002, unas 262.000 personas fueron migrantes internos. La mayoría salió de zonas rurales para ir a zonas urbanas.

El informe de la OIM, en este sentido, explica que las leyes migratorias de los años 1974 y 1996 impusieron una regulación muy restrictiva para el movimiento migratorio a nivel Mundial. Sin embargo, en Paraguay se apostó en ese lapso por la apertura jurídica y a la promoción de inmigrantes, lo que generó un ingreso significativo de extranjeros en el país, varios de ellos europeos.

Los grupos inmigrantes en Paraguay se concentran hoy en comunidades que mantienen sus culturas y tradiciones. En ese sentido, el país tiene una Política Migratoria (PM) que se rige por la Declaración de los DDHH de las Naciones Unidas sobre las personas que no son nacidas en el país en el que viven, de 1985, que también firmó Paraguay como nación miembro de la ONU. Sin embargo, esta PM recién entró en vigencia en noviembre de 2015, a través del decreto N.º 4483.

Esta normativa establece, en su artículo 59 que Paraguay acogerá a todos los extranjeros que lleguen al territorio nacional con el deseo explícito de residir en el país, sin discriminación de sexo, edad, nacionalidad, idioma, color, grupo étnico, religión, ideología, posición socioeconómica o cualquier otra que vaya en desmedro de la dignidad humana.

La ley abarca la situación de las personas que ingresan al país sin poseer estatus de inmigrantes – es decir, llegan como personas en tránsito a otros países, son turistas o visitantes ocasionales- a quienes también se les garantizará el total respeto a sus derechos humanos, que están garantizados en la Constitución Nacional paraguaya. 

También en la Política Migratoria de Paraguay figura la necesidad de respetar los derechos humanos de las personas de otras nacionalidades que por algún motivo estén privadas de su libertad. En este sentido, los datos del Ministerio de Justicia en cuanto a extranjeros que están en las cárceles paraguayas por algún tipo de delito muestran números mínimos; por ejemplo, del total de la población penitenciaria del país que suma 15.182 internos, apenas el 4 % es de nacionalidad extranjera. Es decir, unos 615 reclusos en todas las penitenciarías nacionales. 

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Fútbol sin frontera”, es el lema de cada año del torneo que juegan bolivianos, chilenos, uruguayos y peruanos en las descuidadas canchas de los clubes de barrio de Asunción. Cada fin de semana se juntan para recordar que el fútbol los vino a convocar lejos de sus tierras, pero muy cerca de amigos en un país que los une más allá de nacionalidades.