El mercado de los bolivianos

El mercado de los bolivianos

El trabajo en el “Mercado de los bolivianos” arranca temprano, sobre todo en el invierno, donde la gente acude en mayor cantidad para comprar abrigos y camperas, dos de los productos que se destacan entre las prendas que venden los comerciantes bolivianos. El negocio creció tanto, que empezaron a contratar a gente de la zona. La venta es el motor del lugar y decenas de familias dependen de este negocio

El Mercado Municipal N° 4 de Asunción es un punto de compras tradicional de Asunción. Está compuesta por cuadras enteras en donde se instalaron comerciantes y vendedores callejeros, lo que generó que se convierta en un centro de compras muy solicitado, principalmente por aquellas personas que conforman el bloque de clase media y baja. Rápidamente, el lugar fue conocido directamente como “Mercado 4”, a secas.

La comunidad boliviana llegó a este lugar y ubicó sus primeras casillas sobre la calle Ana Díaz. Esto comenzó a mediados de los 90, hasta que en 1996, la ya formada Asociación de Artesanos y Comerciantes Bolivianos (Arcobol) logró inaugura su primer galpón, en diciembre de 1996, con la presencia de autoridades nacionales y municipales. De esta manera, se ponía en marcha un vínculo entre Bolivia y Paraguay que dejaba mucho más lejos todavía aquel recuerdo de la Guerra del Chac (1932-1935) en la que soldados paraguayos y bolivianos se enfrentaron en una cruenta como absurda contienda bélica.

El primer galpón de los bolivianos.

En la entrada del galpón de la Asociación, un vendedor de jugo ofrece su producto estrella; se trata de un jugo de durazno desidratado, que en Bolivia es conocido como “mocochinchi”, que consiste en desidratar el durazno hirviendo en agua, para luego endulzarlo con canela; el resultado es un líquido refrescante que a decir de Ramón Ruíz, presidente de la Arcobol, funciona también como “combustible”, con una sonrisa pícara

El trabajo de la Arcobol no fue fácil. En principio tuvieron muchos inconvenientes para lograr establecerse y trabajar en la zona, por diversos motivos. Don Ramón Ruíz recuerda aquella época en la que tenía que traer mercaderías en camionetas o camiones. Todo se hacía casi en forma artesanal, pero el ingreso de tecnología ayudó a que se tenga mayor conectividad, se generaron mejores caminos y eso hizo que la aventura se quede definitivamente. Hoy siguen trayendo mercaderías bolivianas para vender al público paraguayo. 

La vida de los trabajadores del Mercado Boliviano varía de acuerdo al frío o calor, por las preferencias de los compradores. Durante la época de invierno se tienen las mejores ventas, por lo que los comerciantes ya se movilizan entre las 6 y 7 de la mañana para tener todo listo cuando llegan los clientes. En época de verano, generalmente los puestos comerciales abren a partir de las 08:30 o incluso 9 de la mañana, debido a que las ventas tienen una marcada merma.

En general, lo que más se vende en el Mercado de los bolivianos es la ropa para invierno, por la calidad y también por los buenos precios. De hecho, la colectividad boliviana que trabaja en esta zona se hizo conocida por  proveer de abrigos y camperas a la gente del lugar. Después, con la venta masiva, la cuestión aumentó considerablemente.

200 socios

Actualmente, la organización que congrega a los comerciantes del mercado boliviano, la Arcobol tiene unos 200 socios. Se trata de la primera organización que reúne a los bolivianos que trabajan en la zona y cuyo trabajo no solamente se limita a lo comercial, sino que también apuesta por lo cultural. Cada 15 de agosto, fecha en que también se recuerda la fundación de Asunción, la colectividad boliviana toma el centro de la capital paraguaya y organiza una danza tradicional en honor a la virgen de Urkupiña. 

Se trata de un evento que para los bolivianos tiene mucha representitividad, tanto histórica como emotiva, ya que se trata de una costumbre arraigada y que desde hace al menos 10 años vienen desarrollando en pleno corazón del centro de Asunción, sobre la calle Palma

Según la tradición boliviana, la virgen de Urkupiña obra milagros y es venerada desde hace finales de siglo XVIII, cuando se le apareció a la hija de una familia campesina en la Comarca de Cota, un municipio de Cochabamba. Desde entonces a la imagen de Urkupiña se la venera, ya sea dentro como fuera de Bolivial. 

“Nosotros queremos que también los paraguayos compartan y sepan de nuestras costumbres y tradiciones. Es como regalar un poco de nuestra cultura a esta tierra que nos cobijó” expresa Ruíz.

 

La venta de prendas de todo tipo es lo que más se busca en el mercado de los bolivianos.

Un tema ineludible a la hora de conversar sobre integración entre países es la situación de personas inescrupulosas que van a otros países a cometer delitos. “Nosotros no estamos para apañar a nadie. Lastimosamente cuando uno no está en su país, muchas veces hay discriminación sin sentido” reflexiona Ruíz. 

Para Esteban Cuéllar, uno de los primeros bolivianos que llegó al país con la idea de vender ropas de invierno y también fundador de Arbocol, lo que se tiene con el mercado boliviano en Asunción no es más que la demostración que los pueblos de la región pueden complementarse. Cuéllar tiene 52 años, de los cuáles 22 hace que está en Asunción.

“Yo ya tengo mi familia acá, difícil que vuelva a salir. Claro que se extraña el país, el barrio, donde uno creció, pero acá hicimos nuestra vida y estamos contentos, además de generar fuentes de trabajo, también colaboramos en hacer comunidad” – dice Cuéllar.

“Nosotros ya tenemos gente paraguaya trabajando acá con nosotros. Para nosotros, poder dar al menos una oportunidad laboral cumpliendo todo lo que exige la ley, es un pequeño aporque que podemos hacer” alega Ramón Ruíz.

Ambos comerciantes dicen que Paraguay es como su primer o segundo hogar, no importa la ubicación, sino que lo importante es que más allá de las fronteras, la integración de los pueblos se logra con pequeñas acciones y que eso queda posteriormente como un legado para las próximas generaciones.